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El Mercat del Riurau

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A escasos kilómetros de la costa mediterránea y a la sombra del Macizo del Montgó se encuentra una pequeña localidad Alicantina donde el tiempo parece detenerse. Además de un nombre bastante peculiar, Jesús Pobre tiene tan solo 478 habitantes. Yo suelo bromear que es posible atravesar el pueblo mientras aguantas la respiración. Pero es en estos pequeños pueblos casi olvidados donde sobreviven las tradiciones.

Una de las cosas que hace especial a esta localidad es la conservación de un riurau en perfecto estado. Para aquellos que no crecieron en escuelas valencianas en las que se reiteraba la importancia de la conservación de la cultura alicantina, un riurau es una construcción rural característica de la comarca de la Marina Alta cuya función estaba relacionada con la producción de pasa, principalmente para protegerla de las inclemencias del tiempo.

En el riurau de Jesús Pobre hace años que no se seca la pasa. Sin embargo, hace 4 años que los vecinos del pueblo, viendo que tenían a su disposición un espacio tan rústico y emblemático, decidieron darle buen uso. Así pues, cada domingo del mes, todos los meses del año, los habitantes de Jesús Pobre y pueblos de alrededores se reúnen para comerciar en uno de los mercados más encantadores de la zona.

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“Un mercado donde comprar, comer y conocer campesinos y artesanos de nuestra comarca.”

Amas de casa con un don para la cocina, campesinos, jubilados con infinita energía y todas aquellas personas que quieran comerciar sus productos son bienvenidos. A partir de las 8 de la mañana empiezan a llegar y a montar sus estantes. El frío corta la piel, pero el ambiente es tan cálido que apenas se nota.

El sol empieza a colarse en el riurau y los comerciantes, amigos que solo se ven una vez a la semana, se pasean de un estante a otro, saludándose, dándose abrazos e incluso haciendo una rápida pausa para almorzar.

Para entonces ya se han dado cuenta de mi especial interés por el mercado, su funcionamiento y todo lo que tenga que ver con él. Virginia, mientras llena bandejas de aceitunas caseras, me cuenta la filosofía del Mercat del Riurau.

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Es un mercado de agricultura ecológica, directamente del productor al consumidor, sin intermediarios. No se utiliza ningún tipo de producto químico, respetando siempre la naturaleza porque son productos locales y de temporada. Es un lugar para los pequeños comerciantes, un tipo de mercado que ayuda a crear fuertes lazos de confianza entre el vendedor y el comprador.

Y no solo se venden productor alimentarios. El Mercat fomenta la lectura, la creatividad y ofrece la posibilidad de que todos aquellos que tengan un don, que sepan hacer algo, tengan un lugar donde mostrarlo.

Uno de los estantes más populares es el de Toni. Toni Garci es un hombre joven de familia chocolatera. En su estante vende turrón y chocolates caseros pero es cuando saca un mortero que le llega a las rodillas cuando realmente llama mi atención.

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Mientras elabora el turrón a la piedra frente a nosotros, nos cuenta su historia y cómo pasó de estudiar sociología en la universidad a retomar la tradición chocolatera de su familia. Con solo almendras tostadas, panela (azúcar integral de caña), cascara de limón y canela, su turrón pretende unir la tradición con una revisión moderna del producto ecológico, natural, dietético y sano.

Muchos otros me cuentan sus historias. Los hermanos Mahiques viven ahora del campo, pero no siempre fue así. Él era empleado de banca hasta que la crisis le dejó en el paro. Ahora tiene campos de verduras y frutas, que vende no solo al peso sino que su hermana transforma en botes de conserva.

Jose Manuel, un jubilado de Manises con alma artística cuya especialidad es la pintura en cerámica.

Fina, que ofrece una selección muy amplia de pates vegetales y totalmente veganos, elaborados a mano y con ingredientes en muchos casos del propio mercado. Almendras a las finas hierbas, alcachofa con curry, zanahoria con nueces y un largo etcetera, llenan su mesa de color y el riurau de olores interesantes.

Los vinateros, que pronto abandonan su estante para juntarse con amigos y tomar unas copas.

O Leticia, que forma parte de un grupo de mujeres tejedoras que se hacen llamar Les Tricotorres. Según me cuenta el grupo consta de alrededor de unos 10 miembros, de entre 24 y 60 años y su pasatiempo favorito es reunirse en bares, mercados y otros eventos sociales para tejer (cada una con su especialidad) y cotillear. Les Tricotorres dejan su marca en los pueblos en forma de adorables farolas vestidas de lana.

A medida que se acerca la hora de comer, el mercado se inunda de compradores. Gente de los pueblos, gente de la capital, españoles y extranjeros, todos buscan la experiencia que el Mercat ofrece.

El Mercat del Riurau es más que un lugar para comprar y vender. Es un punto de reunión, una celebración semanal que aviva el espíritu, fortalece amistades y recupera tradiciones que se están perdiendo. Y un lugar donde, por supuesto, todos son bienvenidos.

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